El legado de don Vito Castro Saborío que marcó historia en Santa Ana

Por varias décadas, el Bar y Restaurante El Coco fue mucho más que un negocio gastronómico: se convirtió en un punto de encuentro, un referente cultural y un símbolo de la identidad santaneña. Detrás de ese legado estuvo don Vito Castro Saborío, figura ampliamente recordada por su dedicación, cercanía y amor por la comunidad.

El Coco nació como una pequeña soda en una casa de madera, contigua a la pulpería de los Acuña, en el centro de Santa Ana. Con el paso de los años, el establecimiento creció sin perder su esencia: comida criolla, trato familiar y un ambiente donde generaciones enteras compartieron almuerzos, conversaciones y recuerdos.

Don Vito, junto a su esposa Hannia Benamburg e hijos, fue el motor del restaurante durante décadas. Su estilo sencillo y su vocación de servicio hicieron que clientes habituales y visitantes se sintieran siempre bienvenidos. Para muchos vecinos del cantón, El Coco era una extensión del hogar y una parada obligatoria en la rutina diaria.

Con el tiempo, el restaurante se consolidó como uno de los más longevos en la historia de Santa Ana, manteniéndose vigente en medio de los cambios urbanos y sociales del cantón. Su cierre marcó el final de una etapa, pero no el olvido de su importancia en la memoria colectiva local.

El reciente fallecimiento de don Vito Castro Saborío ha generado múltiples muestras de respeto y cariño por parte de la comunidad, que reconoce en él a un hombre trabajador y comprometido con su pueblo. Su legado permanece vivo en las historias compartidas, en los sabores que muchos aún recuerdan y en el ejemplo de emprendimiento familiar que dejó.

Bar y Restaurante El Coco no solo alimentó a Santa Ana; ayudó a construir su historia. Y el nombre de don Vito Castro Saborío quedará inscrito como parte fundamental de ese legado que trasciende el tiempo en el cantón de Santa Ana.

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