Con apenas una semana por delante antes de que los costarricenses acudan a las urnas, el panorama político del país se mantiene abierto, marcado por una alta indecisión, una oposición fragmentada y una candidata que roza el umbral necesario para ganar en primera ronda.

Las encuestas publicadas en los últimos días coinciden en ubicar a Laura Fernández, candidata del oficialismo, como la favorita para ganar la presidencia. Su intención de voto se aproxima al 40% de los votos válidos, el mínimo requerido para evitar una segunda ronda electoral. Sin embargo, ese escenario aún no está garantizado.

Uno de los factores clave de esta recta final es el alto porcentaje de personas indecisas, que en algunos sondeos supera el 30 %. Este segmento del electorado podría inclinar la balanza ya sea hacia una victoria directa del oficialismo o hacia un balotaje en abril, como ha ocurrido en varias elecciones recientes.

En un distante segundo lugar aparece Álvaro Ramos, del Partido Liberación Nacional (PLN), quien, pese a registrar cifras de un solo dígito, se mantiene como uno de los principales aspirantes a disputar una eventual segunda ronda, apoyado en la estructura territorial e histórica de su partido. Otros candidatos, como Claudia Dobles y representantes de partidos emergentes, muestran apoyos más reducidos y, por ahora, sin capacidad clara de romper la polarización.

La campaña ha estado dominada por temas como seguridad ciudadana, costo de la vida, empleo y gobernabilidad, así como por la valoración del actual gobierno. Mientras los simpatizantes del oficialismo destacan resultados y liderazgo, sus críticos advierten sobre la polarización política y la necesidad de contrapesos institucionales.

Analistas coinciden en que los últimos debates, la movilización del voto duro y la participación electoral serán determinantes. Una baja asistencia podría favorecer al oficialismo, mientras que una activación del electorado indeciso podría forzar una segunda vuelta.

A siete días de la elección, Costa Rica enfrenta un escenario conocido pero no menos incierto: o define a su próximo presidente en febrero o se encamina, una vez más, a resolverlo en una segunda ronda para el mes de abril.