Costa Rica está lista para un Estado diferente. Compuesto de personas y perspectivas diferentes. Que rescata lo mejor del pasado, con visión de futuro. Si nuestra casa tiene
goteras, no le prendemos fuego a la casa, sino que nos subimos al techo a repararlas. Para la democracia que resuelve, para la Costa Rica que anhelamos, aún falta mucho por mejorar. Estudiamos los errores del pasado que han desencantado a una población frustrada y apostamos por reformas sobrias, con sustento técnico, donde siempre en el centro estén la comunidad, las familias, las personas. Si nos equivocamos, que sea en favor de los que menos oportunidades tienen. Estamos en un ciclo geopolítico muy inestable, que requiere de solidaridad cuando los cambios repentinos afecten a nuestros compatriotas.
Si hay miedo ante el peligro o la incertidumbre, somos valientes y recuperaremos la confianza como valor central de nuestra sociedad. El diálogo es indispensable porque los problemas se han vuelto mucho más complejos que en el pasado y se necesitan múltiples perspectivas para entenderlos en todas sus facetas. Así, construiremos la nueva Costa Rica desde la confianza y el diálogo respetuoso, que da dignidad a quienes participan y se sienten escuchados.
Un tejido social en que empoderaremos a quienes participan en la sociedad civil y los gobiernos locales. Esta descentralización del poder con ciudadanos cercanos a la toma de decisiones tiene dos beneficios: la democracia se fortalece y los problemas se resuelven más rápido. Además, se u:lizarán mesas ejecutivas que conecten a los tomadores de decisiones con los afectados por los problemas.
Defenderemos siempre tres derechos humanos fundamentales «tres bienes públicos de calidad» seguridad, salud y educación. Nuestras familias merecen salir a la calle sin miedo, merecen sentir que si se enferman los atenderán pronto, merecen sentir que viven en un pueblo educado, que sabe discernir la verdad de la mentira utilizando la técnica y la ciencia para construir oportunidades.
Apostaremos por tres motores de desarrollo nacionales para los que este país tiene vocación: Primero, el motor agroalimentario, al que pondremos alfombra roja, reduciendo los riesgos en la comida que consumimos y potenciando la que exportamos. Segundo, el motor de ciencias de la vida, el cual incluye dispositivos, insumos y servicios médicos, así como microbiología, farmacia y software clínico, con gran potencial de escalar en la cadena de valor a nivel mundial. Tercero, el motor turístico, asegurando encadenamientos locales y complementariedad con la economía azul y verde.
La estrategia de desarrollo nacional tiene dos vertientes: Primero, es multipolar, enfatizando ciudades emergentes periféricas como Liberia, Ciudad Quesada, Guápiles y San Isidro del General, con infraestructura logística y de alta tecnología para bajar los costos de producción y destrabar los motores de desarrollo nacional y local. Segundo, la política de desarrollo productivo está orientada a los clústeres o aglomeraciones productivas, que coordinan las políticas públicas para hacer crecer un conjunto de empresas grandes y pequeñas con encadenamientos y valor agregado.
El costarricense debe ser líder en su capacidad de convivir en paz, con el ambiente y con la tecnología. Desde la abolición del ejército construimos una cultura interna que resuelve conflictos hablando y no por las armas, cultura que debemos recuperar. Nos distinguimos por nuestros parques nacionales y por haber reforestado el país. El siguiente paso es la ecología integral y la adaptación climática. Finalmente, debemos dominar la tecnología y que ésta no nos domine, sea la inteligencia artificial o las redes sociales en nuestros teléfonos. Estos liderazgos a su vez nos definen y diferencian de cara a nuestra política exterior, que deberá estar orientada a promover el desarrollo de Costa Rica.
En síntesis, haremos que la democracia resuelva los problemas de los costarricenses y recupere su confianza.


















































