El desarrollo de un plan de gobierno no solo es un requisito legal para inscribir una candidatura, es una obligación moral ante una ciudadanía ávida de información fehaciente sobre las opciones políticas electorales entre las que debe decidirse al momento de ejercer su derecho sagrado al sufragio. Una democracia madura es, a todas luces, una democracia informada, una democracia que va más allá de las poses, una democracia que trata de hacer del principio supremo del interés general la máxima decisoria en las urnas electorales.
Para Nueva República este compromiso va más allá de unas elecciones particulares, sobre todo en esta época en la que vemos un sistema de partidos amorfo, sin ningún norte claro, sin ideas bien delimitadas y, en el peor de los casos, partidos franquicia o taxi que terminan por acrisolar lo que no se puede fusionar, porque no son las ideas y los valores filosófico-políticos e ideológicos lo que los articula, sino el mero interés por el poder personal de las candidaturas por hacerse de este sin más abreviaturas. De esa forma, hoy presenciamos el fenómeno de los “partidos revueltos”, en los que vemos candidaturas presuntamente conservadoras mezcladas con otras progresistas, o bien unas más orientadas hacia la derecha que conviven con posturas más de izquierda, en fin, lo que los abuelos llamaban un verdadero “arroz con mango”.
En estas circunstancias, nuestra democracia vive un cambio significativo y perjudicial para la salud cívica de nuestra nación. Estamos transitando cada vez más de una democracia de partidos, con algún nivel de ascendencia programática e ideológica, hacia una democracia de liderazgos personalistas y populistas, que hacen implosionar la vida política del país y se lleva por la borda a nuestra institucionalidad y cultura cívica. El asunto es particularmente delicado en el plano municipal, en donde élites locales se aprovechan de sus recursos de poder y posicionamiento, ante una apatía masivamente consolidada de participación ciudadana en esas justas, con tasas de abstención de hasta un 70%, lo que genera una lucha por el poder en donde los partidos son lo menos importante y respecto de lo cual vemos una promiscuidad política desusada en nuestra historia, en el sentido de que estos liderazgos se pasan de un partido a otro como si se trata de cambiarse la ropa.
Y en el plano nacional, el panorama es aún más oscuro y preocupante. Ya los partidos tradicionales, como Liberación Nacional y la Unidad Social Cristiana, habían mostrado un nivel de mimetismo tal que para el observador ciudadano no se sabía claramente donde terminaba el partido como institución histórica consolidada y donde empezaba el interés personal y particular de sus dirigentes. Los múltiples escándalos de corrupción y la evidente gestión de gobiernos alineados hacia intereses mezquinos en detrimento del bien común, a la par de una narrativa ideológica y programática más que difusa, que no permitía ver dónde terminaba una agrupación y donde empezaba la otra, fueron aspectos que no solo desnudaron esta lamentable realidad, sino que terminaron golpeando a sus confiadas élites que dejaron de ganar elecciones ya hace más de tres procesos nacionales, a la vez que vienen en caída libre en la parte municipal.
Luego, la situación lejos de mejorar empeoró. Con la emergencia del Partido Acción Ciudadana (PAC) muchos costarricenses creyeron encontrar el paraíso ideológico y programático que no visualizaban por ninguna parte, pero al final cayeron en cuenta de que chocaron con el paredón de un verdadero infierno de mediocridad, incapacidad y corrupción. Aunque el PAC siempre fue un rejuntado de los partidos tradicionales, sin un norte ideológico claro y definido, lo cierto es que su discursillo moralista, heredado de su fundador, terminó haciéndose añicos en medio de escándalos vinculados con el llamado “Cementazo”, la Unidad Presidencial de Análisis de Datos (UPAD) y hasta el tren eléctrico. Y para rematar el enorme fiasco que representó esta agrupación política, luego de presentarse ante el electorado como la opción progresista de izquierdas en la persona del expresidente Alvarado, terminó entregando la política económica a la derecha más libertaria en manos del excandidato del PUSC, Rodolfo Piza, lo que a la postre terminó siendo otro valde de agua fría a un electorado que les creyó la historia y que, para las elecciones del 2022, terminó sepultándolos, al negarles curules legislativas.
Por último, la actual presidencia de la República la ocupa un político carismático que, desde que propuso su nombre, lo hizo abiertamente en una postura de taxi, al punto de que cuando llegó al poder, rápidamente, se divorció de la franquicia del Partido Progreso Social Democrático que usó para llegar al poder. Como resultado, se desplegó un gobierno que, sin ruborizarse siquiera, se ha venido desarrollando sin ningún fundamento ideológico o programático que vaya más allá del sistemático ataque a los partidos, instituciones, políticos y funcionarios a los que considera sus adversarios. Pero el asunto no terminó ahí, para estas justas electorales que se avecinan, sus líderes principales decidieron hacer algo más parecido a un concurso de belleza que a la construcción de un proyecto político serio, con el fin de definir en que taxi partidario se montaban para correr por la silla presidencial y curules parlamentarias, ante lo cual coronaron al Partido Pueblo Soberano y una cantidad de candidaturas para las diputaciones, de los más diversos colores: progres, presuntos conservadores, liberales, de izquierda, de derecha, de centro, de arriba y de abajo.
En medio de este maremágnum político partidario y de una borrachera electoral en la que aparecen tantos partidos como candidatos puedan asumir los costos de cubrir los requisitos para inscribir agrupaciones políticas, sin mayores reflexiones ideológicas y programáticas, Nueva República se presenta como el único partido conservador del país, con una visión de desarrollo fundamentada en la promoción de la iniciativa privada en lo económico, político y cultural, por medio de un Estado estratégico y facilitador del esfuerzo de los habitantes de la patria por construir un mejor país; más desarrollado, más próspero, más seguro, más digital y más justo.
El presente plan de gobierno y nuestra carta ideológica son nuestras credenciales programáticas fundamentales para tener el valor moral de poner nuestro nombre y nuestra bandera a disposición del escrutinio popular, de cara a las elecciones del primer domingo de febrero del 2026. Lo que nació con un partido de valores, que buscaba rescatar el más profundo ser costarricense, que tantos logros históricos nos ha dado en el concierto de las naciones, hoy se presenta como un partido maduro, consolidado, completamente ideológico y programático y, por sobre todas las cosas, consistente y listo para gobernar nuestra nación y encaminarla por la senda del desarrollo, el rescate de los valores y el bienestar de todos los costarricenses, en estricto apego a nuestras convicciones y creencias ideológicas y programáticas.
Hoy agradezco a Dios por la oportunidad de presentarme ante todos mis conciudadanos por medio de un partido serio, maduro, consolidado, listo para la faena y con un plan de gobierno claro y bien estructurado. A mi familia, mi esposa Laura y mis hijas Fabiana y Dariana, por siempre apoyarme y por soportar a mi lado los dardos venenosos de quienes nos adversan. Agradezco a los miles de compatriotas que me han acompañado a lo largo de este viaje que es mi carrera política, con altos y bajos, con ataques desusados y rabiosos, pero con el reconocimiento de muchos que me alientan a seguir adelante y que saben lo que representa nuestro partido: una apuesta seria, cristalina y consistente para nuestra nación. También, es fundamental agradecer a mis colegas de partido, líderes que, en todos los niveles, a lo largo y ancho del territorio nacional, están ahí, en las trincheras, dando la buena batalla, siempre apoyándome y dándome su respaldo y camaradería. A los hombres y mujeres, grandes compañeros que integraron los equipos programáticos con los que construimos este plan de gobierno, esta apuesta seria de mediano y largo plazo con la que buscamos sacar el país del atolladero en que nos metieron los políticos y partidos de siempre; sin su decidido esfuerzo, este documento no sería una realidad.
Espero que este plan de gobierno sea de gran beneficio para todos los que lo leen, y que sirva de piedra de toque para que puedan decidir por la mejor opción para nuestras familias, nuestros hijos e hijas y nuestra sociedad. ¡Que Dios bendiga a todos mis compatriotas y que Dios bendiga a mi país!
Fabricio Alvarado Muñoz
Candidato Presidencial
Partido Nueva República
Puede consultar el plan de gobierno en el siguiente enlace:
https://www.tse.go.cr/2026/docus/planesgobierno/PNR.pdf

















































